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La inducciòn del destino y la identificaciòn

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Identificación y Destino

 

 

“Conocer la identidad de un sujeto corre aparejado con el conocimiento de sus orígenes, su historia, los acontecimiento que lo marcaron y el sistema de interpretación personal resultantes”

 

 

 

 

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uál es el proceso mental que posibilita la formación de la identidad,  nuestro destino y nuestro “programa mental” ?. El mecanismo psíquico que nos permite conformar nuestra historia o programa mental es  la identificación. Su estudio nos va a permitir un conocimiento mayor de la identidad y su proceso de estructuración. La identificación es lo que nos permite la construcción de nuestra identidad o forma singular de nuestro ser, irrepetible, conformado a través de una historia que se estructura en base a modelos familiares y sociales. Etimológicamente, identidad viene del latín “ídem” y significa “lo idéntico”, lo análogo. Es la cualidad singular e identificatorio de una persona y está constituido por marcas o insignias características de cada uno. Es lo continuo o invariable  del sujeto, que le permite no quedar asimilado totalmente a la personalidad del otro. Es también lo que cambia, merced a las identificaciones sucesivas con los demás.

                Conocer los modelos de identificación de un sujeto va indefectiblemente ligado al conocimiento de su historia, de su programa mental. De ella depende el cambio de su destino y un reposicionamiento ante la vida. Podemos adelantar que  para la Destinología, para conocer a un sujeto en la intimidad de su identidad, su historia, sus dolencias, el devenir de su paso por la vida dependen del conocimiento de las imágenes o modelos de subjetividad y familia que cautivaron su ser y le permitieron adoptar los puntos de vistas y estilo de vida de los personajes significativos de su vida. Íntegramente, el programa mental como fundamento de nuestra identidad se compone de “redes identificatorias” o conjunto articulado de identificaciones que conforman una historia emocional que  otorga identidad al sujeto. Conocer tales modelos internalizados  en forma particular por el sujeto, resulta necesario para conocer y cambiar su programa de vida. Es, sobre todo, en la familia donde el sujeto estructura su ser y conforma una identidad, o en otros términos, su programa mental continente de su historia singular.

   La identificación, como mecanismo mental, sucede cada vez  que se incorporan cualidades de otra persona tomadas como modelos. La incorporación no consiste en una copia exacta de los estilos o modelos de conducta de los demás.

En toda situación de aprendizajes de la vida sucede éste mecanismo. No solo aprendemos a leer sino a “leer como otros” y de ésta manera, incorporamos la perspectiva, visión, característica y punto de vista del semejante en nuestro programa mental. Así, a medida que incorporamos modelos externos nuestro programa mental se nutre y se estructura. Una “buena educación”, con modelos estables, desemboca en un sujeto igualmente estable. Por el contrario, cando los modelos son inestables redunda en un sujeto inestable. Así con todas las características que podamos adoptar. Son características incorporadas en base a modelos tomados como “referentes”. Cuando decimos que incorporamos o estructuramos la realidad en base a imitaciones, asociaciones de ideas, asimilaciones, aplicación de esquemas previos, etc., hacemos falta a la verdad porque, en verdad, todo el elemento de nuestro programa mental se estructura en base al mecanismo de identificación. La reproducción del modelo en nuestra subjetividad es lo que permite la conformación de nuestra identidad y nuestra historia. También posibilita que sepamos caminar, cuando caminamos “como” el modelo que nos permitió adoptar su punto de vista y su historia como la raíz de u identidad, como el caso del padre para el hijo, la madre para la hija, el abuelo para el nieto, el enfermero para el chico que vive en un orfanato, o los perseguidores para el chico de la calle, etc. Todas las funciones como el pensamiento, la inteligencia, el lenguaje, las habilidades se fueron conformando en base a la adopción de los modelos, aunque en forma personal .Es inconsciente como en el caso del hijo que interna liza cualidades del padre. Es lo que se denomina Identificación al ideal, que se da cuando un sujeto se identifica a otro tomado como modelo exitoso (al ideal, a lo que deseamos ser). Como el muchacho que observa el noviazgo de los amigos lo que lo lleva a desear lo mismo. La idea es parecerse a quién tiene éxito, lo cuál lleva a calmar la frustración o el displacer, que es el objetivo fundamental de la identificación.

   Desde la familia, lo que orienta la identificación de los hijos son los deseos paternos, que operan como “ideal del yo” para el chico. De ahí la importancia de ciertos enunciados paternos: “Serás un gran hombre o un gran...”, “ Ella  sera...”, etc. . Existen, no obstante, influencias sociales, culturales y mediáticas. Aunque los modelos familiares constituyen los formatos identificatorios principales que determinan las orientaciones de nuestro pensamiento hacia los diversos aspectos de la sociedad global. Por ello, lo que la familia no da, la cultura no facilita. En el caso de la TV, la tendencia es la identificación con los héroes exitosos o los villanos. Esto conduce a la alienación de la identidad al asumir pautas de conductas de la propia cultura o ajenas al medio cultural de pertenencia, como las formas de violencia social “copiadas” de los programas violentos.

Otra forma de identificación es con el objeto amado y perdido: en este tipo de identificación, recuperamos a un objeto amado y perdido, reproduciéndolo en nuestro yo. El chico rechazado por sus  padres, la novia abandonada, el niñito que se le muere el gatito y juega a ser gatito, etc., llevan a asumir los rasgos del objeto amado y perdido.

Podemos decir que nuestra personalidad es la sumatoria de todas las identificaciones  a los objetos amados y perdidos durante el desarrollo. La pérdida puede ser real o  afectiva cuando interesa a aspectos afectivos del sujeto (valor afectivo de los demás).

   En suma, la identificación es el mecanismo psíquico que permite conformar la nuestro programa mental como fundamento de nuestra identidad, al permitir la internalización de sucesivas cualidades de los objetos tomados como modelos. Lo que llamamos identidad, consiste en la cristalización de las diversas identificaciones en el curso de la socialización del individuo. Esto lleva a la cristalización de un “programa mental”, que contiene las imágenes fundamentales de nuestra historia  de nuestra identidad.

Por lo tanto, para la Destinología, resulta necesario conocer las imágenes que mantienen cautivos al sujeto en un destino particular. Es decir, con qué personaje significativo de su  familia o línea familiar se encuentra identificado. A quién de su familia se “parece”, como “quién” de su familia o la familia de ambos padres salió, si adoptó el estilo o modelo total o solo se identificó con ciertos aspectos (pareja, trabajo, carácter, etc.), etc. Ello nos brindará la posición del sujeto, su actitud central ante los demás y su destino. La secuencia de escenas con sus imágenes familiares junto a la asumida por el sujeto nos permite entender su  destino y la posibilidad de sugerir cambios.

 

 

 

 

 

“Programación Mental” del Destino en la Familia

 

 

“Yo te miré a los ojos

cuando era niño.(…)”. Federico G. Lorca.

 

 

D

esde la Destinología o Programación Mental del propio destino consideramos que  el sujeto es programado por sus padres en el seno de la familia como grupo “primario”  fundamental. Primario en el sentido de los modelos primordiales y porque brinda la matriz fundamental de nuestro ser y nuestro destino. Los “programadores”  “primordiales” son, por lo tanto, nuestros padres y parientes significativos cercanos como los hermanos, abuelas y tíos/as, etc. En el mismo sentido operan los “sustitutos familiares” (Crianza con abuelos, tíos/as, hogares de niños, etc.), aunque no en el sentido saludable como sería la crianza en la propia  familia. En este sentido, la familia condiciona al sujeto a seguir los modelos o patrones familiares de conducta de una generación a otra. Naturalmente, el proceso no es mecánico y pueden aparecer cambios o novedades.  Podemos describir diferentes modelos de familias: familias divididas, compuestas de tres generaciones, familias que comienzan con un embarazo indeseado, familias mixtas (“los tuyos, los míos y los nuestros”), familia con un padre dominante, otro con un padre golpeador y una madre masoquista, familias afectuosas y frías, etc., etc. Del relato de cada sujeto saldrá siempre el modelo único e irrepetible de familia que cada uno pone en escena en forma activa cuando el destino nos llama a cumplir los roles de novio, novia,  esposo-esposa, padre y madre, etc., que hemos grabado en nuestro programa mental desde chiquito. Veamos la dinámica de un grupo familiar que programa al hijo para las adicciones:

   El grupo familiar es el contexto inmediato donde se gesta el comportamiento adictivo. El mecanismo básico es la “inducción inconsciente” en que se transmiten en forma inconsciente(a través de actitudes, gestos, modelos o ejemplos y toda información preverbal para los hijos), pautas de consumo, como cuando se consumen sedantes, y otras drogas para lograr un efecto “tranquilizador”. Para los hijos, tales actitudes no son indiferentes. Lo que los hijos captan son los métodos de resolución de los problemas: si es con alcohol o con psicofármacos, etc. Por lo general, en una familia propensa a construir un adicto, los padres solucionan sus problemas de esa manera. Pero la posición del futuro adicto puede estar en otra familia, como la familia de origen de la madre o del padre, porque debemos considerar su “identificación” respecto de algunos personajes de la familia de origen de los padres. No podemos centralizar la cuestión en “una” familia porque, desde las relaciones implícitas (inconscientes), juegan tres generaciones: la de los abuelos o  padre de los padres, los padres y el propio joven. La patología adictiva se transmite en este orden.

   La inducción es inconsciente, porque se transmite en el  nivel implícito, a través de significados que están alejados de la conciencia, como cuando se elogia una marca de alcohol ante los niños, o lo bueno del resultado de un tranquilizante o un sedante. Otro medio constituyen los “ejemplos”: lo que se ve se aprende.

   Gracias a la inducción, opera la identificación, donde el futuro adicto es colocado en un rol perteneciente a un pariente cercano, un tio paterno o materno, o el abuelo,  quiénes tomaban o consumían sustancias. El futuro adicto es colocado en un “lugar simbólico” clave, que  también puede ser el pasado paterno, con sus momentos de abuso de alguna sustancia. Por la inducción e identificación, el joven recibe una identidad y una historia afectiva similar a algún pariente idealizado u odiado por los padres. Decimos también “odiado” porque lo que importa es con quien es identificado el futuro adicto. Es su “programa” psíquico, un archivo compuesto por una imagen a asumir y un argumento: beber, fumar, consumir....Para la conciencia de la familia, no tienen mucha importancia las historias y anécdotas, los ejemplos y dichos del pasado de cada uno de los padres. Para los hijos sì tienen un significado: junto a lo que escuchan y ven, arman un “mito familiar”, una historia, un tablero de ajedrez en que ellos cumplen un rol específico. Gracias a esto, el hijo pasa a ser el depositario de un rol adictivo, de una identidad patológica, a falta de un padre y una madre que cumplan su rol con relaciones mas o menos armónicas, sin mentiras ni confusión entre amor y dominación del otro, con normas claras y buena comunicación.

   En suma, la función deficitaria de los roles paternos, como las fallas en la comunicación de la pareja, dificultades para presentar un mundo estable a los hijos, en poner límites democráticos, en la transmisión de vicios de los antepasados, etc., predispone a encontrar la solución al problema existencial (la pregunta por el ser), en un mundo imaginario e ilusorio creado por las drogas.

Por lo tanto, desde la Destinología consideramos que la “herencia psicológica” (en el sentido de de que las viejas generaciones transmiten a las nuevas todo el caudal de la subcultura familiar y social) constituye un proceso regular en las relaciones intergeneracionales en la familia. Gracias a la herencia psicológica, los padres transmiten a sus hijos los patrones regulares de conducta de un linaje o familia determinada. Sin embargo, podemos disentir con la idea de que se heredan “caracteres psicológicos” como el carácter, el lenguaje o el pensamiento. Lo que se heredan a través del ADN constituye solo la parte biológica, los órganos y sus posibilidades de desarrollo como el pensamiento respecto del cerebro. Si el individuo no las entrena o no recibe los estímulos familiares necesarias para desarrollar funciones como la habilidad motriz, la inteligencia o lenguaje, podemos asegurar que tales funciones se desarrollaran en menor medida. Por lo tanto, la herencia psicológica consiste transmitir a los hijos los modelos básicos de conducta de una familia determinada. Tal modelo se compone de roles o funciones y creencias respecto de las mismas. El hijo recibe así, el modelo de padre, de masculinidad, etc. Lo mismo decimos de  la niña. El proceso de “grabación mental” comienza a temprana edad. Desde cómo se alza a un bebe, tomar el biberón, tocar algo,  gestos, los celos de papá respecto de mamá, competir con los varones, la vida sexual y sus modelos familiares, palabras, movimientos, sustos, activismo o pasividad, alegría o tristeza, optimismo o pesimismo, etc.,  hasta los roles sociales son “jugados” por el niño e incorporados en su mente en forma progresiva. Todo el proceso depende de los programadores básicos del niño que  son los padres. Son los padres quienes aconsejan, orientan, limitan, enseñan, dialogan, modelan, y aparecen como modelos a imitar de parte de los niños. Desde éste punto de vista, los “programadores mentales” por excelencia  son nuestros padres. A ello se suman los “modelos sustitutivos” de la TV y los medios. Sin embargo, la familia brinda la “matriz” fundamental y todo lo posterior depende del enfoque de la propia familia y su grabación departe del os hijos. Una familia no violenta difícilmente produzca un sujeto violento a pesar de las sugestiones de los medios. Lo mismo podemos decir de los modelos de pareja, familia, sexualidad, prejuicios, etc., trasmitida por los medios: las opiniones de la familia está primero.

De esta manera, la familia aparece como un dispositivo grupal destinado a transmitir a la nueva generación todos los  modelos de conductas de la generación precedente. Básicamente, se interrelacionan 3 generaciones para que el niño pueda sumir un lugar  y una función acorde con una identidad igualmente otorgada por la familia: el niño saldrá como el padre, el abuelo, el tío u otros integrantes de la familia. Tal posición la otorga quienes  “desearon” cierto destino para cada uno de nosotros: “será un buen hombre”, “ganador”, “perdedor”, “estudioso” o “delincuente”, etc. Al respecto, la abuela de un niño abandonado por la madre  por causa de una separación y con el objetivo de “rehacer su vida emocional, profirió una mañana los siguiente: “Nació pelado, y los pelados salen inteligentes. Será un doctor”. Tal niño, con el tiempo y en forma gradual culminó con varios títulos vinculados a la salud del ser humano.

Gracias a la enseñanza familiar, los consejos y ejemplos paternos, el niño incorpora toda la “subcultura” de su familia y los modelos sociales de conducta. Los mandatos familiares son inducidos a través de consejos como “Los R. Solemos estudiar y trabajar duro”, “Los A. Somos comerciantes y tratamos bien a nuestras mujeres”, etc. El niño capta que los padres “desean” un cierto futuro para él e incorpora tales deseos paternos como expectativas de vida que le sirve como  modelo de vida a seguir. Todo el proceso es básicamente inconsciente. Sin embargo, el activismo del sujeto es total: precisamente, la idea de “ser un sujeto” no consiste solo que uno esté sometido  a los mandatos del otro sino que el sujeto es activo en la selección e incorporación de los modelos familiares: una niña puede concluir que su padre es bueno, a pesar del abandonismo familiar y el mal carácter. Por lo tanto, las decisiones o conclusiones del sujeto son cruciales porque permiten retraducir los mandatos parentales así como las normas y valores culturales que la familia inculca al niño. No existe una programación mental mecánica y pasiva de parte del sujeto. Por ser sujeto, es activo y decide qué aspectos de la realidad familiar es mas acorde con su deseo. Si es el primer hijo, internalizará unos padres afectuosos, hasta que nace el segundo, lo cuál rompe el idilio y comienza la dinámica de los celos y los reproches. Se tornará a lo mejor, competitivo o quejoso y esto marcara su futuro mental.

Volviendo a la familia como modelo fundamental que el niño incorpora y conforma como parte de su programa mental, debemos poner hincapié en que lo crucial en todo esto es el hecho de que la familia y los padres programan nuestra mente, nos sugieren e imponen normas, actitudes, temores, modelos de parejas, síntomas, ideales, éxitos y fracasos, comedias y tragicomedias, entre otros.

 

 

“Conocer la identidad de un sujeto corre aparejado con el conocimiento de sus orígenes, su historia, los acontecimiento que lo marcaron y el sistema de interpretación personal resultantes”

 

 

 

 

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uál es el proceso mental que posibilita la formación de la identidad,  nuestro destino y nuestro “programa mental” ?. El mecanismo psíquico que nos permite conformar nuestra historia o programa mental es  la identificación. Su estudio nos va a permitir un conocimiento mayor de la identidad y su proceso de estructuración. La identificación es lo que nos permite la construcción de nuestra identidad o forma singular de nuestro ser, irrepetible, conformado a través de una historia que se estructura en base a modelos familiares y sociales. Etimológicamente, identidad viene del latín “ídem” y significa “lo idéntico”, lo análogo. Es la cualidad singular e identificatorio de una persona y está constituido por marcas o insignias características de cada uno. Es lo continuo o invariable  del sujeto, que le permite no quedar asimilado totalmente a la personalidad del otro. Es también lo que cambia, merced a las identificaciones sucesivas con los demás.

                Conocer los modelos de identificación de un sujeto va indefectiblemente ligado al conocimiento de su historia, de su programa mental. De ella depende el cambio de su destino y un reposicionamiento ante la vida. Podemos adelantar que  para la Destinología, para conocer a un sujeto en la intimidad de su identidad, su historia, sus dolencias, el devenir de su paso por la vida dependen del conocimiento de las imágenes o modelos de subjetividad y familia que cautivaron su ser y le permitieron adoptar los puntos de vistas y estilo de vida de los personajes significativos de su vida. Íntegramente, el programa mental como fundamento de nuestra identidad se compone de “redes identificatorias” o conjunto articulado de identificaciones que conforman una historia emocional que  otorga identidad al sujeto. Conocer tales modelos internalizados  en forma particular por el sujeto, resulta necesario para conocer y cambiar su programa de vida. Es, sobre todo, en la familia donde el sujeto estructura su ser y conforma una identidad, o en otros términos, su programa mental continente de su historia singular.

   La identificación, como mecanismo mental, sucede cada vez  que se incorporan cualidades de otra persona tomadas como modelos. La incorporación no consiste en una copia exacta de los estilos o modelos de conducta de los demás.

En toda situación de aprendizajes de la vida sucede éste mecanismo. No solo aprendemos a leer sino a “leer como otros” y de ésta manera, incorporamos la perspectiva, visión, característica y punto de vista del semejante en nuestro programa mental. Así, a medida que incorporamos modelos externos nuestro programa mental se nutre y se estructura. Una “buena educación”, con modelos estables, desemboca en un sujeto igualmente estable. Por el contrario, cando los modelos son inestables redunda en un sujeto inestable. Así con todas las características que podamos adoptar. Son características incorporadas en base a modelos tomados como “referentes”. Cuando decimos que incorporamos o estructuramos la realidad en base a imitaciones, asociaciones de ideas, asimilaciones, aplicación de esquemas previos, etc., hacemos falta a la verdad porque, en verdad, todo el elemento de nuestro programa mental se estructura en base al mecanismo de identificación. La reproducción del modelo en nuestra subjetividad es lo que permite la conformación de nuestra identidad y nuestra historia. También posibilita que sepamos caminar, cuando caminamos “como” el modelo que nos permitió adoptar su punto de vista y su historia como la raíz de u identidad, como el caso del padre para el hijo, la madre para la hija, el abuelo para el nieto, el enfermero para el chico que vive en un orfanato, o los perseguidores para el chico de la calle, etc. Todas las funciones como el pensamiento, la inteligencia, el lenguaje, las habilidades se fueron conformando en base a la adopción de los modelos, aunque en forma personal .Es inconsciente como en el caso del hijo que interna liza cualidades del padre. Es lo que se denomina Identificación al ideal, que se da cuando un sujeto se identifica a otro tomado como modelo exitoso (al ideal, a lo que deseamos ser). Como el muchacho que observa el noviazgo de los amigos lo que lo lleva a desear lo mismo. La idea es parecerse a quién tiene éxito, lo cuál lleva a calmar la frustración o el displacer, que es el objetivo fundamental de la identificación.

   Desde la familia, lo que orienta la identificación de los hijos son los deseos paternos, que operan como “ideal del yo” para el chico. De ahí la importancia de ciertos enunciados paternos: “Serás un gran hombre o un gran...”, “ Ella  sera...”, etc. . Existen, no obstante, influencias sociales, culturales y mediáticas. Aunque los modelos familiares constituyen los formatos identificatorios principales que determinan las orientaciones de nuestro pensamiento hacia los diversos aspectos de la sociedad global. Por ello, lo que la familia no da, la cultura no facilita. En el caso de la TV, la tendencia es la identificación con los héroes exitosos o los villanos. Esto conduce a la alienación de la identidad al asumir pautas de conductas de la propia cultura o ajenas al medio cultural de pertenencia, como las formas de violencia social “copiadas” de los programas violentos.

Otra forma de identificación es con el objeto amado y perdido: en este tipo de identificación, recuperamos a un objeto amado y perdido, reproduciéndolo en nuestro yo. El chico rechazado por sus  padres, la novia abandonada, el niñito que se le muere el gatito y juega a ser gatito, etc., llevan a asumir los rasgos del objeto amado y perdido.

Podemos decir que nuestra personalidad es la sumatoria de todas las identificaciones  a los objetos amados y perdidos durante el desarrollo. La pérdida puede ser real o  afectiva cuando interesa a aspectos afectivos del sujeto (valor afectivo de los demás).

   En suma, la identificación es el mecanismo psíquico que permite conformar la nuestro programa mental como fundamento de nuestra identidad, al permitir la internalización de sucesivas cualidades de los objetos tomados como modelos. Lo que llamamos identidad, consiste en la cristalización de las diversas identificaciones en el curso de la socialización del individuo. Esto lleva a la cristalización de un “programa mental”, que contiene las imágenes fundamentales de nuestra historia  de nuestra identidad.

Por lo tanto, para la Destinología, resulta necesario conocer las imágenes que mantienen cautivos al sujeto en un destino particular. Es decir, con qué personaje significativo de su  familia o línea familiar se encuentra identificado. A quién de su familia se “parece”, como “quién” de su familia o la familia de ambos padres salió, si adoptó el estilo o modelo total o solo se identificó con ciertos aspectos (pareja, trabajo, carácter, etc.), etc. Ello nos brindará la posición del sujeto, su actitud central ante los demás y su destino. La secuencia de escenas con sus imágenes familiares junto a la asumida por el sujeto nos permite entender su  destino y la posibilidad de sugerir cambios.

 

 

 

 

 

“Programación Mental” del Destino en la Familia

 

 

“Yo te miré a los ojos

cuando era niño.(…)”. Federico G. Lorca.

 

 

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esde la Destinología o Programación Mental del propio destino consideramos que  el sujeto es programado por sus padres en el seno de la familia como grupo “primario”  fundamental. Primario en el sentido de los modelos primordiales y porque brinda la matriz fundamental de nuestro ser y nuestro destino. Los “programadores”  “primordiales” son, por lo tanto, nuestros padres y parientes significativos cercanos como los hermanos, abuelas y tíos/as, etc. En el mismo sentido operan los “sustitutos familiares” (Crianza con abuelos, tíos/as, hogares de niños, etc.), aunque no en el sentido saludable como sería la crianza en la propia  familia. En este sentido, la familia condiciona al sujeto a seguir los modelos o patrones familiares de conducta de una generación a otra. Naturalmente, el proceso no es mecánico y pueden aparecer cambios o novedades.  Podemos describir diferentes modelos de familias: familias divididas, compuestas de tres generaciones, familias que comienzan con un embarazo indeseado, familias mixtas (“los tuyos, los míos y los nuestros”), familia con un padre dominante, otro con un padre golpeador y una madre masoquista, familias afectuosas y frías, etc., etc. Del relato de cada sujeto saldrá siempre el modelo único e irrepetible de familia que cada uno pone en escena en forma activa cuando el destino nos llama a cumplir los roles de novio, novia,  esposo-esposa, padre y madre, etc., que hemos grabado en nuestro programa mental desde chiquito. Veamos la dinámica de un grupo familiar que programa al hijo para las adicciones:

   El grupo familiar es el contexto inmediato donde se gesta el comportamiento adictivo. El mecanismo básico es la “inducción inconsciente” en que se transmiten en forma inconsciente(a través de actitudes, gestos, modelos o ejemplos y toda información preverbal para los hijos), pautas de consumo, como cuando se consumen sedantes, y otras drogas para lograr un efecto “tranquilizador”. Para los hijos, tales actitudes no son indiferentes. Lo que los hijos captan son los métodos de resolución de los problemas: si es con alcohol o con psicofármacos, etc. Por lo general, en una familia propensa a construir un adicto, los padres solucionan sus problemas de esa manera. Pero la posición del futuro adicto puede estar en otra familia, como la familia de origen de la madre o del padre, porque debemos considerar su “identificación” respecto de algunos personajes de la familia de origen de los padres. No podemos centralizar la cuestión en “una” familia porque, desde las relaciones implícitas (inconscientes), juegan tres generaciones: la de los abuelos o  padre de los padres, los padres y el propio joven. La patología adictiva se transmite en este orden.

   La inducción es inconsciente, porque se transmite en el  nivel implícito, a través de significados que están alejados de la conciencia, como cuando se elogia una marca de alcohol ante los niños, o lo bueno del resultado de un tranquilizante o un sedante. Otro medio constituyen los “ejemplos”: lo que se ve se aprende.

   Gracias a la inducción, opera la identificación, donde el futuro adicto es colocado en un rol perteneciente a un pariente cercano, un tio paterno o materno, o el abuelo,  quiénes tomaban o consumían sustancias. El futuro adicto es colocado en un “lugar simbólico” clave, que  también puede ser el pasado paterno, con sus momentos de abuso de alguna sustancia. Por la inducción e identificación, el joven recibe una identidad y una historia afectiva similar a algún pariente idealizado u odiado por los padres. Decimos también “odiado” porque lo que importa es con quien es identificado el futuro adicto. Es su “programa” psíquico, un archivo compuesto por una imagen a asumir y un argumento: beber, fumar, consumir....Para la conciencia de la familia, no tienen mucha importancia las historias y anécdotas, los ejemplos y dichos del pasado de cada uno de los padres. Para los hijos sì tienen un significado: junto a lo que escuchan y ven, arman un “mito familiar”, una historia, un tablero de ajedrez en que ellos cumplen un rol específico. Gracias a esto, el hijo pasa a ser el depositario de un rol adictivo, de una identidad patológica, a falta de un padre y una madre que cumplan su rol con relaciones mas o menos armónicas, sin mentiras ni confusión entre amor y dominación del otro, con normas claras y buena comunicación.

   En suma, la función deficitaria de los roles paternos, como las fallas en la comunicación de la pareja, dificultades para presentar un mundo estable a los hijos, en poner límites democráticos, en la transmisión de vicios de los antepasados, etc., predispone a encontrar la solución al problema existencial (la pregunta por el ser), en un mundo imaginario e ilusorio creado por las drogas.

Por lo tanto, desde la Destinología consideramos que la “herencia psicológica” (en el sentido de de que las viejas generaciones transmiten a las nuevas todo el caudal de la subcultura familiar y social) constituye un proceso regular en las relaciones intergeneracionales en la familia. Gracias a la herencia psicológica, los padres transmiten a sus hijos los patrones regulares de conducta de un linaje o familia determinada. Sin embargo, podemos disentir con la idea de que se heredan “caracteres psicológicos” como el carácter, el lenguaje o el pensamiento. Lo que se heredan a través del ADN constituye solo la parte biológica, los órganos y sus posibilidades de desarrollo como el pensamiento respecto del cerebro. Si el individuo no las entrena o no recibe los estímulos familiares necesarias para desarrollar funciones como la habilidad motriz, la inteligencia o lenguaje, podemos asegurar que tales funciones se desarrollaran en menor medida. Por lo tanto, la herencia psicológica consiste transmitir a los hijos los modelos básicos de conducta de una familia determinada. Tal modelo se compone de roles o funciones y creencias respecto de las mismas. El hijo recibe así, el modelo de padre, de masculinidad, etc. Lo mismo decimos de  la niña. El proceso de “grabación mental” comienza a temprana edad. Desde cómo se alza a un bebe, tomar el biberón, tocar algo,  gestos, los celos de papá respecto de mamá, competir con los varones, la vida sexual y sus modelos familiares, palabras, movimientos, sustos, activismo o pasividad, alegría o tristeza, optimismo o pesimismo, etc.,  hasta los roles sociales son “jugados” por el niño e incorporados en su mente en forma progresiva. Todo el proceso depende de los programadores básicos del niño que  son los padres. Son los padres quienes aconsejan, orientan, limitan, enseñan, dialogan, modelan, y aparecen como modelos a imitar de parte de los niños. Desde éste punto de vista, los “programadores mentales” por excelencia  son nuestros padres. A ello se suman los “modelos sustitutivos” de la TV y los medios. Sin embargo, la familia brinda la “matriz” fundamental y todo lo posterior depende del enfoque de la propia familia y su grabación departe del os hijos. Una familia no violenta difícilmente produzca un sujeto violento a pesar de las sugestiones de los medios. Lo mismo podemos decir de los modelos de pareja, familia, sexualidad, prejuicios, etc., trasmitida por los medios: las opiniones de la familia está primero.

De esta manera, la familia aparece como un dispositivo grupal destinado a transmitir a la nueva generación todos los  modelos de conductas de la generación precedente. Básicamente, se interrelacionan 3 generaciones para que el niño pueda sumir un lugar  y una función acorde con una identidad igualmente otorgada por la familia: el niño saldrá como el padre, el abuelo, el tío u otros integrantes de la familia. Tal posición la otorga quienes  “desearon” cierto destino para cada uno de nosotros: “será un buen hombre”, “ganador”, “perdedor”, “estudioso” o “delincuente”, etc. Al respecto, la abuela de un niño abandonado por la madre  por causa de una separación y con el objetivo de “rehacer su vida emocional, profirió una mañana los siguiente: “Nació pelado, y los pelados salen inteligentes. Será un doctor”. Tal niño, con el tiempo y en forma gradual culminó con varios títulos vinculados a la salud del ser humano.

Gracias a la enseñanza familiar, los consejos y ejemplos paternos, el niño incorpora toda la “subcultura” de su familia y los modelos sociales de conducta. Los mandatos familiares son inducidos a través de consejos como “Los R. Solemos estudiar y trabajar duro”, “Los A. Somos comerciantes y tratamos bien a nuestras mujeres”, etc. El niño capta que los padres “desean” un cierto futuro para él e incorpora tales deseos paternos como expectativas de vida que le sirve como  modelo de vida a seguir. Todo el proceso es básicamente inconsciente. Sin embargo, el activismo del sujeto es total: precisamente, la idea de “ser un sujeto” no consiste solo que uno esté sometido  a los mandatos del otro sino que el sujeto es activo en la selección e incorporación de los modelos familiares: una niña puede concluir que su padre es bueno, a pesar del abandonismo familiar y el mal carácter. Por lo tanto, las decisiones o conclusiones del sujeto son cruciales porque permiten retraducir los mandatos parentales así como las normas y valores culturales que la familia inculca al niño. No existe una programación mental mecánica y pasiva de parte del sujeto. Por ser sujeto, es activo y decide qué aspectos de la realidad familiar es mas acorde con su deseo. Si es el primer hijo, internalizará unos padres afectuosos, hasta que nace el segundo, lo cuál rompe el idilio y comienza la dinámica de los celos y los reproches. Se tornará a lo mejor, competitivo o quejoso y esto marcara su futuro mental.

Volviendo a la familia como modelo fundamental que el niño incorpora y conforma como parte de su programa mental, debemos poner hincapié en que lo crucial en todo esto es el hecho de que la familia y los padres programan nuestra mente, nos sugieren e imponen normas, actitudes, temores, modelos de parejas, síntomas, ideales, éxitos y fracasos, comedias y tragicomedias, entre otros.

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